Aristóteles y la felicidad

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Periodista.- Queridos cavernioyentes, tras varios siglos de gestiones, hemos logrado, al fin, una entrevista con Aristóteles, alias el Estagirita, quien, según su costumbre, nos ha invitado a pasear con él y discutir sobre la felicidad. Buenas tardes, maestro.
Aristóteles: Buenas tardes a los oyentes de todos los siglos.
Periodista: Maestro, usted  ha hablado y escrito mucho sobre la felicidad, sin ir más lejos en su famosa obra Etica a Nicómaco. Han pasado veinticinco siglos y seguimos buscándola, sin demasiado éxito. ¿Qué nos pasa?
A.- Lo bello es difícil, que diría mi amigo Platón.
P.- Se ha dicho que hasta intentar definirla es un problema.
A.- Definirla es sencillo. La felicidad es el fin de la vida humana, y la forma de ser correspondiente con ese fin.
P. ¿La felicidad una forma de ser? ¿Podría ser más concreto?
A.- Claro. Lo primero para ser feliz es vivir de cierta forma. Y lo primero de lo primero, vivir de forma que, además de comer, beber y cosas así, seas querido y respetado por los demás...
P.- Da usted mucho valor a la amistad.
A.- Nadie puede ser feliz sin amigos. A diferencia de la familia, los amigos se escogen y se merecen. La amistad con los mejores nos obliga a hacernos mejores...
P.- Sr. Aristóteles, los alimentos y los amigos son necesarios para la felicidad, pero, ¿son suficientes?
A.- No del todo. La felicidad consiste, como diríais hoy, en realizarnos como personas.
P. - ¿Y que tenemos que hacer para eso?
A.- Lo primero: saber qué es una persona.
P.- Ud. ha definido a las personas como seres racionales, y también como “animales políticos”...
A.- Cierto. De un lado somos animales racionales, y nuestro fin es comprender las cosas. Y del otro, inseparable del primero, somos seres sociales que tenemos que convivir según el arte de la política.
P.- ¿Y de ambas cosas depende la felicidad?
A.- De las dos. Vivir como seres racionales es lo mismo que convivir como ciudadanos.
P.- ¿No vale, entonces, ser un lobo solitario?
A.- Para desarrollar la razón es necesario dialogar y aprender de los demás, y esto solo puede darse entre ciudadanos libres y educados en una sociedad bien ordenada y justa.
P.- Mucha gente, en nuestra época, piensa que la felicidad nada tiene que ver con la política ni, menos aún, con la razón o el conocimiento. ¿Qué opina de esa opinión?
A.- Yo creo que vivir fuera de la ciudad y de sus problemas, nos animaliza. Y que abotargar el entendimiento, también. Y una persona no puede ser feliz sin ser lo que es, viviendo como un animal.
P.- ¿Tan esencial es razonar y entender? Mucha gente piensa que se es más feliz sin tanto filosofar...
A.- Tal vez. Pero solo nosotros, los humanos, podemos asombrarnos ante el mundo y sus misterios, y preguntarnos por ellos. Esa admiración y reflexión es lo que da sentido a la vida de muchos de nosotros. De ahí que nos dediquemos a la ciencia y la filosofía...
P.- Pero, y las carreras de carros, maestro, y las comedias de Aristófanes, o embriagarse con vino...
A.- No niego que todo eso, en su justa medida y sin excesos, pueda contribuir a la felicidad. Pero me extraña que alguien no tenga más aspiración en la vida que asistir a las carreras de carros o emborracharse con el arte o el néctar de Dionisos. Tal vez le falte educación...
P.- O tal vez tenga, el pobre, alma de esclavo.
A.- Eso insinué alguna vez, sí. Pero ahora, con el correr de los siglos, ya no lo tengo tan claro.

¿Qué piensas tú? ¿Es la felicidad el fin de la vida humana? ¿Y en qué crees que consiste?...


Guión: Víctor Bermúdez . Actores: Jonathan González, Víctor Bermúdez. Producción: Antonio Blazquez. Música sintonía: Bobby McFerrin. Dibujos: Marién Sauceda. Idea original para Radio 5: Víctor Bermúdez y Juan Antonio Negrete.



La red

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[Sonido constante de mensajes de móvil de diversos tipos, juegos, vídeos, musiquillas, tonos... Las voces también han de sonar un poco – muy poco – cibernéticas, como hablando a través de Skype o algo así, pero sin que apenas se note]

(Los personajes dialogan pero de manera distraída, un poco ralentizada; están enfrascados en sus móviles, tabletas, etc., y la conversación está mayormente en segundo plano. Solo al final se deja claro de que toda la conversación transcurre a distancia, a través de Skype...)

Petr.- … Oye... ¿Ya estamos todos?
Erem.- … Cris me dice que ya llega.
Petr.- … Dile que corra, que nos perdemos el principio.
Prim.- … Oye, que me dice la Felisa que el concierto está empezando
Erem.- … Ah, ¿ya están los otros en el concierto?
Prim.- … Sí, me han mandado un selfi, están también Madriguero, Espelunca y Covadonga.
Petr.- … Anda, la Covadonga. ¿Qué se cuenta?
Prim.- … Pues que contigo no quieres cuentas. Que eres un cuentista, dice.
Petr.- … ¿Y eso?
Erem. … Dice que la dejaste por el chat, chato. Y que la culpa la tengo yo, que según ella, te acoso con mensajería.
Petr.-... ¿Qué? Perdona...
Erem.- Deja. Ahora te mando lo que me mandó. Está super-cabreada.
Petr.-... A ver... (como leyendo)... Hala, pues es verdad... Pero si yo nunca me he enred...ado con ella. Ni siquiera la tengo en Twitter. Ni en Instagram.
Erem.- Pero si en el facebook. Además, llevabas dos meses en el Telegram con ella.
Petr.- En el Telegram no, que eso es para íntimos, era en wasap. Y solo porque tiene un blog sobre los Desconnectión que es pa verlo.
Erem. -... Oye. ¿No íbamos a ir al concierto ese?
Petr.- … Eso. Tocan los Androids.
Prim.- … Yo creo que voy a pasar. Me están mandando vídeos esta gente, y me parecen malísimos.
Petr.- … Yo me estoy acabando de bajar lo último de Desconnectión, así que también paso.
Crisantra.- ¡Hola chicos!
Erem.- Cris. Por fin te apareces. ¿Que te ha pasado?
Cris.- Nada. He cortado con mi novio.
Petr.- … ¿Pero tenías novio?
Cris.- … Desde hace un mes. En el Tagged. Pero creo que me ponía los cuernos con otro perfil.
Erem.-... ¿Cómo lo sabías?
Cris.- Intentaba ligar con mi otro perfil en Weeworld, y me decía las mismas cosas que en el Tageed.
Erem.-... Vaya, lo siento.
Cris.-.... ¿Eh?
Petr.-.... Chicos, oíd el programa de radio que os he mandado por facebook. Salimos nosotros!
Prim.- …. ¿Nosotros? ¿Quiénes somos nosotros?
Cris.- … (En otro rollo) ¡¡Pero qué tarugo eres!!
Petr.-... ¿Yo?
Prim.-... ¿Tu ex?
Cris.- … No. Perdonad. Es que estoy discutiendo con los de mi grupo de trabajo en psicología.
Erem.- … ¿Y de qué va?
Cris.-... De los medios de comunicación y las relaciones humanas.
Prim..- … ah.
Erem.- Chicos, me desconecto. Acabo de pedirme una pizza y está al llegar.
Petr.- Yo también. Además, el skype me va lentísimo hoy.
Prim.- Vale. Seguimos en wasap.
Cris.- Ok. Ahora te cuento eso en el Telegram, Ere.
Erem.- Chao. Ahora os mando unos besos diver por facebook.




Las nuevas tecnologías de la comunicación están transformando la forma de concebir las relaciones sociales y el ámbito completo de la cultura.

Según algunos, esto representa una amenaza para la integridad e incluso la salud mental de los individuos. La comunicación virtual, nos dicen, desnaturaliza las relaciones personales, empobrece los códigos comunicativos, frivoliza los mensajes y nos hace tecnológicamente dependientes. Además, muchas personas comienzan a sentir una dependencia psicológica con respecto a estas vías de comunicación. ¿Quién puede, hoy, separarse del móvil o del ordenador conectado a internet?

Según otros, las nuevas redes de comunicación no son una amenaza, sino una oportunidad para desarrollarnos en un marco de relaciones mucho más amplio y accesible. La comunicación a través de la red enriquece las relaciones personales, nos permite conocer a más personas diferentes y en más aspectos de su vida.

Además, el hecho de estar permanentemente comunicados está generando una revolución en los lenguajes y los medios de expresión, además de un acceso masivo y rápido a todo tipo de información. ¿Qué puede tener de negativo el poder gozar de redes que nos permiten informarnos y comunicarnos libremente con cualquier persona en cualquier rincón del mundo?

¿Qué dices tú? Mándanos tu opinión en un comentario, mensaje, sms, wasap, twit o lo que te apetezca

Guión: Víctor Bermúdez . Actores: Jonathan González, Eva Romero, Laura Casado, María Ruíz-Funes.Voces: Chus García Fernández, Víctor Bermúdez. Producción: Antonio Blazquez. Música sintonía: Bobby McFerrin. Dibujos: Marién Sauceda. Idea original para Radio 5: Víctor Bermúdez y Juan Antonio Negrete.

Pactos políticos.

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[Suena un fondo de noticias políticas en la radio o la tele, que se funde con la conversación...]
Felisa.- Bueno, chicos, aunque os parezca mentira que esto salga de mi boca, creo que ya hemos vagueado bastante y que podríamos ponernos con la actividad de Ética. Por cierto, Madriguero, te ha tocado en nuestro grupo. Como no estabas…
Madriguero.- Muy bien. Pues, si queréis seguir decidiendo sin mí, por mí adelante, toda vuestra… (sonríen)
Felisa.- No te libras: nos ha advertido de que tenemos que participar todos.
Madriguero.- ¡Vaya! Lo siento por vosotras. Y ¿en qué consiste la cosa?
Felisa.- Que te lo explique mejor Espelunca.
Espelunca.- Pues ha hecho varios grupos, como si fuéramos partidos políticos de un supuesto país, con nuestros votos y todo, y nos ha pedido que negociemos, a ver quién consigue el mejor pacto.
Madriguero.- ¿A ver quién consigue el mejor pacto? ¿Y cuál es el mejor pacto?
Felisa.- ¡Hombre, está claro!: aquel en que sale tu grupo gobernando y con más ministros.
Madriguero.- ¿Eso ha dicho el profe?
Espelunca.- No, no ha dicho eso: en realidad no ha dicho cuál va a considerar el mejor resultado.
Felisa.- Pero se cae por su peso, ¡vamos! Así que lo que tenemos que hacer es jugar a uno de esos juegos que nos mencionó hace días… el del prisionero, o el de los gallinas, o algo así... O sea: intentar sacar lo más que podamos, sin meter la pata.
Madriguero.- Pues yo no voy a vender mis principios… porque se supone que tenemos unos principios, ¿no?
Espelunca.- Sí: aquí tienes la lista de los que nos tocaron.
Madriguero.- Aquí tiene mis principios. Si no le gustan, tengo otros, como dijo Groucho.
Felisa.- Vale, vale, pero ahora no se trata de los principios, sino de los finales, o sea, de los resultados. Cambiamos principios por poder, y luego ya veremos lo que hacemos.
Madriguero.- Me niego. Que formen gobierno los otros, si se atreven a venderse. Yo prefiero morir con dignidad.
Espelunca.- No se trata de morir, Madriguero.
Felisa.- ¡Eso!
Espelunca.- Ni tampoco de ganar, Felisa.
Felisa.- ¿Entonces, tú que propones: perder?
Espelunca.- Tal como yo lo veo, se trata de conseguir el acuerdo más justo, teniendo en cuenta los votos que tenemos cada grupo.
Felisa.- ¿El acuerdo más justo? ¡Estamos hablando de política!
Madriguero.- Sí, la verdad es que suena un poco naif. Pero sigue, santa Espe.
Espelunca.- A mí no me gusta ni siquiera que sea una negociación. Fijaos, entre nuestros principios está que nos hemos presentado como más honestos que los demás. Entonces… (no os riáis) yo propongo que pensemos qué podemos honestamente reclamar y qué pueden reclamar los demás, qué es justo que cedamos y qué mínimo no podemos ceder de ninguna manera, y vayamos a la mesa sin ases en la manga ni cosas parecidas.
Felisa.- Eso no es una negociación, eso es un pic-nic en familia ¿¡no te digo!? ¡Menudos negociadores que sois! Uno prefiere perder a dar un poco su brazo a torcer; la otra no solo da el brazo sino hasta las piernas. ¿Me dejáis a mí, al menos para que ganemos el concurso y saquemos buena nota?
Madriguero.- (con tono heroico patético) ¡Me niego a venderme por un… ¿sobresaliente!? (ríen)
Espelunca.- Pues yo creo que el profe está pensando en ponernos mejor nota si hacemos lo que digo yo.
Felisa.- ¡Madre mía! ¿¡Vamos a tener que ponernos a negociar cómo vamos a negociar!?


En el mundo de la política se presentan a veces situaciones en las que los representantes elegidos por los ciudadanos se ven obligados a negociar o pactar, porque ninguno cuenta con una mayoría absoluta. ¿Cuál es la mejor actitud ante una negociación política?

Las posturas ante esta cuestión varían según el peso que se le dé, en esas circunstancias, a los principios y al aspecto más pragmático. Los más intransigentes creen que las consideraciones pragmáticas suponen vender los principios. En cambio, los más pragmáticos acusan a los primeros de no hacer posible llevar a la práctica al menos parte de los principios de uno.

En el fondo de este dilema está el problema ético de si importan más los principios o los fines; a lo primero apuntan las éticas del deber, a lo segundo las éticas utilitaristas.


Ahora bien, una consideración más profunda de la cuestión puede hacernos ver que la capacidad de llegar a acuerdos con los adversarios políticos no es una cesión sino todo lo contrario, el verdadero arte de la política, es decir, de la vida en común de personas con ideas diferentes. ¿Sería, incluso, deseable ver en la política una conducta más ética u honesta, una conducta que no recurriera a las típicas argucias de la negociación y el regateo?

¿Qué piensas: cuál es la mejor actitud ante el desacuerdo político?...  

Guión: Juan Antonio Negrete . Actores: Jonathan González, Eva Romero, María Ruiz-Funes. Voces: Chus García, Víctor Bermúdez. Producción: Antonio Blazquez. Música sintonía: Bobby McFerrin. Dibujos: Marién Sauceda. Idea original para Radio 5: Víctor Bermúdez y Juan Antonio Negrete.


La existencia de Dios

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Madriguero.- ¿¡Qué, Covadonga!, hoy te ha debido de encantar la clase de filosofía, no?
Covandoga.- Bueno…
Felisa (casi interrumpiendo).- ¿Por qué? ¿Qué me he perdido?
Madriguero.- ¡Es verdad, que a esa hora es cuando te has marchado al médico! Pues Víctor nos ha explicado un argumento de un tal San Anselmo, que pretende demostrar que Dios existe.
Espelunca.- Sí, ha sido muy interesante.
Madriguero.- ¿¡Interesante!? ¿Ves?: esas son las cosas por las que la Filosofía está tan pasada. ¡Hasta el propio Víctor apenas podía disimular la sonrisa!
Espelunca.- A mí no me ha parecido eso: me ha dado la impresión de que él mismo estaba extrañado del argumento mientras lo explicaba… extrañado en el buen sentido.
Felisa.- Bueno, pero ¿de qué iba? O mejor: ¿lo va a preguntar y evaluar?
Madriguero.- No creo. Pues mira, es muy sencillo: Dios tiene que existir porque es un ser perfecto, y si no existiese no sería perfecto. ¡tachánnn! ¿Qué te parece? O sea, que, por las mismas, mis vacaciones en Suecia tienen que existir, porque tengo pensado que sean perfectas. Y, por supuesto, el plato de tallarines a la carbonara perfecto, existe, porque es perfecto. Concretamente, es el que hace mi abuela… (sonríen)
Felisa.- (con voz de incredulidad).- ¿Eso habéis hecho hoy en clase? ¡Qué rayadas se marcan los filósofos!... ¡Y al Víctor le gustan, en eso tiene razón Espelunca!
Espelunca.- Pues a mí me ha dejado pensando. Es que, Madriguero, no has contado lo que podría contestarte Anselmo: no son lo mismo unas vacaciones perfectas o un plato a la carbonara perfecto que un ser totalmente perfecto. Si digo que esas vacaciones no existen no me contradigo, porque el que sean perfectas como vacaciones no significa que sean perfectas en todos los sentidos. En cambio…
Madriguero.- (interrumpiendo)… en cambio solo porque yo tenga una idea de un ser supuestamente perfecto (¡que a saber qué significa eso!), o sea, que solo porque yo me invente esa idea, tiene que existir. ¡Esa es la definición del timo!
Espelunca.- A mí me ha recordado al Principito, cuando dice que el cordero tenía que existir porque era bello.
Madriguero.- ¡Exacto, es como los cuentos de hadas!
Espelunca.- Pues tomadme por loca, pero yo a veces pienso, como el Principito, que lo que es bello tiene que existir.
Madriguero.- (burlón) ¡Claro, y lo malo no tendría que existir, porque es malo! Eso es lo que me decía mi amigo imaginario… De todas maneras ¡ojala tengas razón, porque eso significa… que yo soy inmortal! ¡Y tú, por supuesto! (con tono meloso) ¡Y los dos! (ríen las otras) Bueno, Covadonga, no me has contestado: a ti te ha debido de chiflar ese (con tono de entrecomillar) “argumento”…
Covadonga.- La verdad es que ni lo he entendido. Pero yo no necesito ningún argumento para creer, porque tengo fe. Y no creo que quien no tenga fe vaya a creer porque en clase de filosofía o donde sea le cuenten un argumento.
Madriguero.- ¡Tú tienes tu propia versión del argumento, Cova: puesto que yo creo, existe!
Espelunca.- Es lo mismo que te pasa a ti, Madriguero, con las cosas que tú crees.



Una de las piezas más interesantes de la filosofía es el llamado “argumento ontológico” de san Anselmo, según el cual, un ser mayor que sea tal que no podamos pensar en otro mayor o más perfecto, tiene que existir por necesidad, porque si pensamos que ese ser sumamente perfecto no existe, nos estamos contradiciendo, ya que existir es una perfección, así que estaríamos diciendo, en realidad, que el ser sumamente perfecto no es sumamente perfecto.

Muchos filósofos y teólogos lo consideran una falacia: del simple hecho de que yo tenga una idea en mi mente no se deduce que eso exista. Sin embargo, también muy importantes filósofos (tales como Descartes, Leibniz, Hegel o Alvin Plantinga, creen que ese argumento es o puede ser válido, si lo pensamos con cuidado.

Preguntémonos: si no es suficiente con tener una idea en mi cabeza para deducir que eso existe, ¿qué más hace falta? Desde luego, podemos decir que hace falta poder comprobarlo con nuestros ojos. Pero ¿acaso no podemos dudar, con Descartes, de si todo lo que creemos ver no está solo en nuestra cabeza, como están los sueños?

¿Qué piensas tú? ¿Es válido el argumento ontológico de San Anselmo?...

Guión: Juan Antonio Negrete . Actores: Jonathan González,  Eva Romero, Laura Casado, María Ruíz-Funes.  Voces: Chus García, Víctor Bermúdez. Producción: Antonio Blazquez. Música sintonía: Bobby McFerrin. Dibujos: Marién Sauceda. Idea original para Radio 5: Víctor Bermúdez y Juan Antonio Negrete.



El poder

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[Final de acto del Don Giovanni de Mozart, y ruido de aplausos en un auditorio]

Eremita.- (En voz alta, mezclándose con los aplausos )¡¡Bravo!! ¡¡Muy bien!! ¡¡Bravo!!... (Dirigiéndose a Petronilo) ¡Qué maravilla! ¿Te gusta Petronilo?
Petronilo.- ¡Me está encantando! ¡¡Me mola la ópera!!
E.- Ja,ja,ja... Y a mi que hayas venido. (Con picardía) Hace poco decías que odiabas la ópera, y que jamás irías a un recital...
P.- (azorado) Ya, pero si tú me dices ven... todo cambia...
E.- Ja, ja, ja... O sea, que si te digo que te tires por la ventana, allá que te vas...
P.- (zalamero) Si me lo pides tú... saldría volando...
E.- ¡¡Anda ya, zalamero!!
P.- Por cierto, el otro día la profe de filosofía nos planteo un problema muy interesante.
E.- ¿Ah sí? ¿Cuál?
P.- Nos preguntó que tenía que hacer para que nos arrodillásemos ante ella y le lamiéramos la suela del zapato.
E.- ¡Jolín, que guarrada! ¿Y eso a qué venía?
P.- Quería hablarnos del poder y de cómo se puede lograr.
E.- ¿Y lo logro?
P.- Bueno, era un juego. Pero me di cuenta de muchas cosas. Por ejemplo, la profa nos preguntó que haríamos si nos amenazara con suspensos y otros castigos, incluso con la pena de muerte si no le lamíamos el zapato.
E.- ¿Y qué paso?
P.- Unos pocos dijimos que no lo haríamos, que la dignidad está por encima de la vida; aunque, la verdad, yo no sé qué haría de verdad llegado el caso...
E.- (con ironía) ¡Siempre tiene que haber un martir tocanarices!
P.- Pero luego fue peor. Nos preguntó por cuanto dinero nos olvidaríamos de nuestra dignidad. Y la inmensa mayoría de nosotros... acabó vendiéndose.
E.- Todo el mundo tiene un precio, como dicen en las pelis del oeste.
P.- Bueno, hubo una chica que se tomo muy en serio el juego, y que gritó, superindignada, que ella no se arrodillaba ante nadie ni por todo el oro del mundo...
E. - (con ironía) ¡Cachis! ¡Menuda aguafiestas!... ¿Y qué paso entonces?
P.- Entonces nos pidió que imaginásemos una sociedad muy religiosa, como la de los antiguos egipcios, en la que todos creyeran que Ella, la profa, era la encarnación de una diosa, y en la que hubiera procesiones dedicadas al Santo Zapato y cosas así...
E.- Jajaja.. En esa sociedad la gente se volvería loca por besarle el zapato, sin necesidad de amenazas ni dinero...
P.- Por suerte, ya no vivimos en sociedades como esa.
E.- ¿No os pidió que imaginaseis una sociedad supertecnificada, en la que repitiesen obsesivamente por la tele lo buena que es tu profa y lo que mola arrodillarse y chuparle el zapato?
P.- Eso sería manipular a la gente.
E.- Sí, pero funciona. Lo que se ahorraría tu Profa en policias..
P.- Aunque tendría que gastárselo en controlar a los medios de comunicación...
E.- ¿Y que tal si tu profa, o el Estado, se limitara a dictar leyes justas, y a convenceros, con razones, de lo bueno que es cumplirlas?...
P.- ¿Así de frío? No creo que funcione. El poder tiene que emocionar y seducir...
E.- ¿Cómo hago yo contigo, Petronilo?..
[Los instrumentos comienzan a afinar; va a empezar la segunda parte del concierto]
P.- ¡No creo que sea lo mismo!... Pero va a seguir el concierto. (En voz baja) Por cierto, cómo se llama la ópera que estamos viendo.
E.- (En voz baja) Es Don Giovanni, de Mozart. ¿Te suena?




No fácil definir aquello en lo que consiste el poder. En el ámbito social y político, el poder refiere la relación por la que una persona, un grupo o Institución logra que los demás se conformen con sus deseos y fines. Como decía Max Weber, no hay poder sin conformidad u obediencia.

Ahora bien: ¿Cómo es esa relación? ¿Qué medios, recursos, o estrategias se emplean en ella? ¿Cuáles son justos o legítimos, y cuáles no?

La mayoría de las estrategias de poder son complejas; en ellas pueden intervenir recursos coercitivos, como amenazas o sobornos, pero también elementos retóricos y simbólicos, en si mismos muy poderosos, que apelan tanto a la emoción como a la razón, a veces de forma intencionadamente manipuladora y, otras, de manera más honesta.

El problema de la legitimidad del poder ha sido tratado por la mayoría de los filósofos. En algunos casos, dicha legitimidad refiere a que el medio o recurso del poder no violente al individuo; así, el poder legítimo usaría la convicción, sin manipulación, y no la coacción. En otros casos, la legitimidad se ha vinculado al sujeto del poder; así, sería legítimo el poder que emana de la soberanía popular, pero no el que detenta, por ejemplo, un rey. Y en alguno más, la legitimidad se ha relacionado con los procedimientos; así, el poder sería legítimo cuando se obtiene por consenso democrático, pero no si se obtiene a la fuerza...

¿Qué piensas tú? ¿Cómo lograr que los demás nos obedezcan? ¿Qué tipo de poder es legítimo y cuál no?

Guión: Víctor Bermúdez . Actores: Jonathan González,  Eva Romero.. Voces: Chus García, Víctor Bermúdez. Producción: Antonio Blazquez. Música sintonía: Bobby McFerrin. Dibujos: Marién Sauceda. Idea original para Radio 5: Víctor Bermúdez y Juan Antonio Negrete.



Monogamia.

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Felisa.- Pues si no viene, no va a ser igual.
Covadonga.- ¡Ya!, pero yo la entiendo: ¡hacían tan buena pareja, parecía que se querían tanto…!
Felisa.- Si no digo que no, pero hay que pasar página. O se lo perdona o a otra cosa: ¡un clavo saca otro clavo!
Madriguero.- Vamos a ver, me pregunto yo: ¿por qué le da tanta importancia? Simplemente se ha acostado con otra, no ha dejado de quererla a ella.
Covadonga.- ¿¡Qué dices!? ¿¡Cómo la va a querer, si es capaz de hacer eso!?
Madriguero.- Muy sencillo: no hay que confundir sexo con amor. Además, ¿quién ha dicho que el amor es como las guindas, de dos en dos? En otras sociedades no es así: un hombre puede tener varias esposas, o una mujer varios esposos, o las dos cosas. ¿No os acordáis de aquel video que vimos en Ética, de aquella tribu del Amazonas?
Covadonga.- ¡Sí, sí!, pero tú, Madriguero, en cuanto ves a Espelunca hablando con alguien te pones nervioso como una pantera. ¡Y eso que ni siquiera sois pareja! ¿Eh, Espe? ¿Qué te parece lo que dice tu pretendiente?
Espelunca.- ¡Uf, es un tema al que le doy muchas vueltas!
Covadonga.- Pues está bastante claro: simplemente hazle caso a tus sentimientos, y verás que si quieres a alguien es imposible siquiera pensar en otro.
Espelunca.- Sí, si ya sé que sentimos eso… Pero ¿no os suena egoísta, y posesivo? ¿Y si es solo, como dicen algunos, que nos lo han enseñado así desde pequeños? Lo mismo que el pudor, por ejemplo.
Madriguero.- Con el pudor, lo veo claro, Espe. En cambio, con lo otro…
Felisa.- Lo que es egoísta es pensar en tu placer y hacer daño al otro.
Espelunca.- Pero ¿por qué nos hace daño que nos compartan…? Imaginad una sociedad donde tuvieran la costumbre de no tener más que un hijo, y se viese muy mal tener un segundo: a los padres que se saltasen la tradición se les acusaría de traicionar al primer hijo, se vería bien sus celos, y los propios padres se sentirían mal… Pero ¿sería una buena tradición? ¿No podemos amar a varias personas a la vez?
Covadonga.- En este tipo de amor, no, Espe. Solo puedes querer a uno de verdad.
Madriguero.- Sí, pero ¿por qué? Suena feo, pero… ¿no será porque las relaciones amorosas están dirigidas por nuestro instinto de procreación, o algo así?
Espelunca.- ¿Qué tendría que ver? ¿No podríamos compartir hijos e hijas, compañeras y compañeros?
Covadonga.- ¡Jo, Espe! ¿De verdad tú serías capaz de estar con varios a la vez, quiero decir queriéndolos?
Espelunca.- No lo sé. Me gustaría no estar atada a una forma de amar quizá solo porque así está establecido. No sé si mis sentimientos son libres. No me desagrada la idea de un amor sin posesión…
Madriguero.- Creo que lo dices para provocar, Espe…
Felisa.- ¡Sí, a ti por lo menos te está provocando:… sarpullidos!


En nuestra sociedad, oficialmente monogámica, otros tipos de relaciones provocan rechazo social y los celos de la pareja. ¿Es esto algo natural? Y, lo sea o no ¿es algo bueno, más moral que otras alternativas?
Aunque hoy la monogamia está hoy muy extendida por el mundo, ni es única ni fue siempre lo más común: sin ir más lejos, los hebreos del Antiguo Testamento eran polígamos (pero solo el varón podía tener varias esposas) y siempre han existido sociedades poliándricas y poligínicas.
Muchos filósofos han argumentado a favor de la monogamia. Tomás de Aquino, por ejemplo, cree que la monogamia se basa en la presunta necesidad del varón de identificar su descendencia genética, y en la virtud de que los esposos sean amigos y se traten con reciprocidad, de modo que si la mujer no puede de ningún modo ser promiscua, el varón tampoco debe serlo.
Kant dio una explicación más cruda: según él, el matrimonio es un contrato para el mutuo uso de los miembros sexuales de una persona del otro sexo. Si uno (se entiende, el varón) tuviese más de una pareja, produciría un agravio a la otra parte contratante.
Hegel, más romántico, cree que solo el amor de uno por uno colma la fuerte espiritualidad del amor. De otro lado, según algunas explicaciones de tipo científico, la monogamia sería un buen sistema para la cría prolongada que requiere el ser humano.
En cambio, Platón sostuvo que los guardianes del Estado debían compartir compañeros e hijos. Y también Marx y Engels predicaron la abolición de la familia.
Existe un movimiento reciente, llamado Poliamor, que defiende que las relaciones amorosas, dentro de la igualdad y con el conocimiento y consentimiento de todos los implicados, son más morales que la institución tradicional, porque son menos egoístas y posesivas.

¿Qué crees tu: es la monogamia el modo más natural o más ético de relación amorosa? ¿Por qué? ¿Son naturales y buenos los celos, o son una muestra de egoísmo y posesión?

Guión: Juan Antonio Negrete . Actores: Jonathan González,  Eva Romero, María Ruíz-Funes, Laura Casado. Voces: Chus García, Víctor Bermúdez. Producción: Antonio Blazquez. Música sintonía: Bobby McFerrin. Dibujos: Marién Sauceda. Idea original para Radio 5: Víctor Bermúdez y Juan Antonio Negrete.


Educación y juego.

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Covadonga.- Chicos, necesito urgentemente vuestro consejo. Tengo que decidir ya en qué me matriculo.
Madriguero.- ¿Lo último que tenías en la cabeza no era lo de ser maestra en infantil?
Cova.- Sí, y en eso sigo, pero no lo tengo claro. Es lo que me gusta (¡y no quiero aburrirme más, estudiando lo que le gustaría a mis padres!), pero no sé si… sirvo.
Espelunca.- ¡Claro que vales, Cova!
Madriguero.- Solo tienes que tener claro lo que quieres de los niños: o sea, lo mismo que para ti…
Cova.- Sí, sí, si yo lo sé: mi misión sería hacerlos personas de futuro, responsables, educadas y eficientes… Pero a veces, cuando me quedo a cargo de mis primo pequeño, ¡uf!, no puedo con él.
Madriguero.- ¿¡Personas de futuro, educadas y eficientes!? ¡Pobres niños!
Cova.- ¿¡Cómo!? ¿No te parece bien?
Madriguero.- ¡Pues claro que no! ¿Por qué no piensas en hacerlos niños y niñas “de presente”, en vez de futuro; niñas y niños felices, y no competitivos? ¡Vas a ser una de esas maestras que los hincha a deberes y a regañinas! ¿Qué es lo que quieren tus padres que estudies?, ¡seguro que no es tan malo! Además, ¡tú no tienes derecho a poner la excusa del aburrimiento!
Cova.- ¿Tú qué dices, Espelunca? A ti también se te ha pasado por la cabeza estudiar magisterio…
Espelunca.- Es verdad. Pero yo también creo que es demasiada responsabilidad para mí…
Madriguero.- Sí, pero no por las mismas razones que Covadonga. Lo que me dices siempre es: que si crees que los niños son los grandes olvidados, que si no se respeta sus pensamientos y sus sentimientos…
Cova.- Pues mi primo, si por él fuera, estaría siempre jugando y no aprendería nada. Y a veces no hay quien pueda con su comportamiento.
Espelunca.- ¿Por qué crees que jugando no aprende nada, Cova?
Madriguero.- Los niños solo aprenden jugando, como todos los cachorros. ¡Ojala no perdiésemos nunca esa capacidad! Y de lo de la conducta… si a mí me tratasen como le tratan a él, no sé cómo me comportaría.
Cova.- ¡Vosotros sois unos ilusos! No digo que no haya que tratar a los niños con respeto, pero nadie llegaría a nada si se le dejase jugar todo el rato y hacer lo que le diese la gana. Las cosas cuestan esfuerzo. Yo misma lo sé por experiencia: no sería nada si mis padres no hubieran sido tan exigentes conmigo.
Madriguero.- Pero, Cova, tú estudias siempre por obligación, nunca te gusta lo que haces: ¿eso es lo que quieres para los demás?
Covadonga.- Espe y tú tenéis la suerte de ser muy listos de nacimiento, y de disfrutar con lo que para otros es duro. No creáis que todos tenemos esa suerte.
Espelunca.- ¿Tan diferentes crees que somos las personas? ¡Habría que ver qué sería de cada uno si hubiera recibido otra educación! Para mí un maestro debería ser algo parecido a un jardinero, no un domador de fieras.
Covadonga.- Pues no hay más que ver el telediario para saber que somos fieras y no inocentes florecillas.


Uno de los debates más interesantes en filosofía de la educación es el de si el arte de educar consiste en dejar que la naturaleza del niño se desarrolle libremente (como un jardinero deja crecer a la planta, quitando lo que le impida desarrollarse y orientando hacia lo que la propia naturaleza parece buscar), o si consiste, más bien, en domesticar las fuerzas irracionales y caprichosas innatas, para civilizar a la persona.

La primera visión, fundamentalmente optimista acerca de la naturaleza humana, ha inspirado siempre a las llamadas “nuevas pedagogías” (en los últimos siglos, la pedagogía de Rousseau, Pestalozzi, Tolstoi, Montesori, la escuela Summer Hill de Neill…). Ya Platón aconsejó, en su libro La República, que se educase a los niños jugando, porque nada que entre por la fuerza en el alma –argumentaba- permanecería ahí.

Por el contrario, otros filósofos parten del supuesto, pesimista, de que la naturaleza humana tiene una tendencia natural al mal y a los pecados (a la pereza, a la avaricia, etc.), y creen que educar pasa necesariamente por doblegar la voluntad caprichosa del niño y habituarle al esfuerzo y la disciplina. Así creen, por ejemplo, Kant y Hegel. Para esta filosofía de la educación, las teorías modernas que aconsejan educar jugando son ingenuas y perjudiciales a la larga.

¿Qué crees: tenemos una tendencia innata a aprender y desarrollar las virtudes humanas, o solo mediante la fuerza es posible educar a un ser humano?



Guión: Juan Antonio Negrete . Actores: Jonathan González,  Eva Romero, María Ruíz-Funes, Laura Casado. Voces: Chus García, Víctor Bermúdez. Producción: Antonio Blazquez. Música sintonía: Bobby McFerrin. Dibujos: Marién Sauceda. Idea original para Radio 5: Víctor Bermúdez y Juan Antonio Negrete.