El cuento del amor.

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Dijo el escritor Oscar Wilde que cuando los dioses quieren castigar a los hombres, les conceden lo que desean. ¡Qué decepción entonces!... Somos... el animal insatisfecho. Porque nuestro deseo – decía el poeta Luis Cernuda – es una pregunta cuya respuesta nadie sabe...

Eso que nos hace tan disconformes es lo mismo que nos mueve y nos crece. Es el modo de ser de los que nunca llegamos a ser...

Buscar la perfección es, primero, saber que nos falta. Pero ¿cómo nosotros, tan de barro inmundo, tan imperfectos, vamos a saber nada de la perfección ?

Cuando una pregunta no tiene respuesta (o un deseo no tiene cura) lo mejor, siempre, es contar un cuento. Como este.

Cuenta el filósofo Platón que en un banquete de cuento, que celebraron unos nobles amigos en honor de uno de ellos (el más cuentista, pues era poeta), decidieron invertir la gracia y la luz del vino trasegado en hablar de amor. Y cuando fue el turno de un tal Sócrates, éste contó lo que una sabia mujer, Diotima, le contó una vez acerca de lo que contaban del nacimiento de Eros, el dios del Amor.

Cuenta este cuento de cuentos, que en un olímpico banquete, en que los dioses celebraban el nacimiento de Afrodita, diosa de la belleza (esa brillante faz con que espejean, aquí abajo, los celestes sueños), salió a tomar el éter, borracho de néctar, Poros, el dios de los recursos, y encontrose allí, en los jardines del palacio de Zeus, a la pobre Penia, diosa de la carestía que, olvidada por todos, vagabundeaba entre los restos del divino festín. Y he aquí que Penia, pobre pero no tonta, se aprovechó de la inconsciencia de Poros y solazándose con él concibió ese día un hijo, al que, por su naturaleza, pusieron de nombre Eros, o Amor.

Esto es amor, dice Platón en su cuento. El hijo de lo Mucho y de lo Poco, de la borrachera del Dios que Todo lo logra y la mísera inteligencia de la Diosa que Nada tiene, de lo Perfecto olvidado de sí, y de la Imperfección consciente de sí. Este hijo, el Amor, heredó por su divino origen el sueño de lo Uno y lo Completo, y, por parte de madre, la triste, pero no menos divina rémora de lo Partido y lo Cojo.

Y desde entonces Eros, hecho cuerpo, renquea y brinca por la Tierra atento a cada bella (y afrodisíaca) llamada del Cielo. Y este Amor, en la forma de la flecha que nos excita y tensa por dentro, es el Alma que a los hombres anima a unir lo que parece distinto, a hacer verdaderamente uno a lo mentiroso y doble.

Amor apunta con bizco y tembloroso esfuerzo de arquero a lo que paternalmente nos llama, desde la caverna o valle qué habitamos a la vertical llanura de los sueños. Deseo, alma vagabunda, sueño inasible de belleza, sombra del Sol que sostiene las espaldas del cielo, solo eso, desde que Platón lo dijo, con luminosa y parecida borrachera a la del dios padre, y la inteligente y verbosa mentira de la seductora Penia, es el Amor. 

Y eso somos tú y yo. Y, por eso, ni tú, ni yo. Quien lo pensó, lo sabe.


Guión: Víctor Bermúdez . Voces: Chus García y Víctor Bermúdez. Producción: Antonio Blazquez. Música sintonía: Bobby McFerrin. Dibujos: Marién Sauceda. Idea original para Radio 5: Víctor Bermúdez y Juan Antonio Negrete.

Decrecimiento

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Crisantra.- Jo, Primitiva, vaya vidorra que te pegas. Llevas toda la mañana tumbada al sol.
Primitiva.- ¿Y qué? ¿Es acaso pecado?
Cris.- Pues sí. El pecado de la pereza. Podías hacer algo más provechoso.
Primitiva.- ¿Más provechoso que dormitar al sol, leer y meditar? ¿El qué?
Cris.- Pues ayudar a tu padre, el pobre, que está solo en el bar.
Primitiva.- Quiá. Es su turno. Lo mío son las tardes y las copas.
Cris.- Pues acabo de pasar y tiene la barra a tope. Algunos clientes se le iban por no poder atenderlos.
Primi.- Bueno. Hay otros bares cerca. También tienen que vivir, los pobres.
Cris.- ¡Anda que!... Desde luego, nunca seréis nada en la vida.
Primi.- ¿Y esta? ¿Y que hay que ser en la vida, según tú?
Cris.- ¡Pues un triunfador! Y aprovechar un buen negocio, como podrías hacer tú.
Primi.- Ya me aprovecho. No me ves aquí, retozando al sol.
Cris.- No, tontaina. Aprovecharlo de verdad. Ay, si yo fuera tu...
Primi.- ¿Qué es lo que harías?
Cris.- Pues, con lo bien que cocina tu abuela, y con el sitio que tenéis, ¡buah!... De entrada, ampliaría el local, y montaría un buen restaurante, no esa tasca que tenéis ahora.
Prim.- Pero si la gente viene por lo de la tasca, que no te enteras...
Cris.- ¡Calla! Y pondría una terraza que ocupara toooda la plaza...
Prim.- Eso, y a los viejos que ocupan los bancos los pondrías de camareros.
Cris.- ¡Nada de viejos tomando un miserable chato! (Soñadora) Esto sería otra cosa, un sitio chic, guay, cool. Haría publicidad, aparecería en las guías gastronómicas, y en las de decoración. Y solo vendría gente superbien y muy moderna... ¡Guau!
Prim.- ¿Guau? Te cargarías la vida del barrio. Esto se llenaría de tiendas caras, y de tráfico. Los pisos subirían de precio. Echarían a la mitad de los vecinos....
Cris. - Así es la vida, primi. O comes o te comen. Y yo soy de los que comen.
Prim.- ¿Y para qué quieres ponerte tan gorda?
Cris.- Ya estamos. Yo quiero progresar. Como todo el mundo. Como deberías hacer tu. Imagina que haces lo que te digo.
Prim. ¿El qué?
Cris.- (Entusiasmada, visionaria, hablando muy rápido) ¡¡Pues montar ese restaurante bestial!! ¡¡Y cuando lo tengas lleno todos los días, zas, empiezas a crear franquicias!! ¡Y abres locales en la capital, y en otros países!... Y todo lo que ganes tienes que ir invirtiéndolo, por supuesto. Y en paraísos fiscales, para no pagar impuestos. Ah, ah, y ojito con la gente. Dice mi padre que no te puedes fiar, tienes que estar encima de todos todo el día, para que no te roben, y...
Prim.- (Cortándola) Cris, querida...
Cris.- (Ansiosa) Sí, ¿qué? ¿Qué?...
Prim.- ¿Pues eso, qué... que todo eso... para qué?
Cris.- (Irritada). ¿¡¡Pero cómo que para qué!!? ¡¡Pues para que va a ser!! ¡¡Para ganar mucho dinero, y para tener todas las cosas que quieras, y para que cuando ya seas muy mayor y tengas millones en el banco, poder retirarte a tu mansión, a pasar tan ricamente las mañanas tomando... el sol... (se da cuenta de todo lo tonto de su planteamiento y se calla). [Silencio]
Prim.- (Carraspea, disimulando, como si no hubiera pasado nada) Cris, cariño, no querrás acercarme ese bote de crema. Y uno de esos libros...
Cris.- (Tímida, confundida)... ¿Cual?...
Prim.- Ese rojo y verde; se llama “Decrecimiento”....
Cris.- Toma.
Prim.- Gracias. Y otra cosa... ¿A que estás deseando tumbarte al sol aquí conmigo?



En los años 70, algunos economistas como comienzan a popularizar el concepto de “decrecimiento”, que hoy da nombre al movimiento filosófico y político que cuestiona el objetivo de la economía clásica liberal, esto es, el crecimiento económico, y aboga por la disminución de la producción y el consumo, hasta reequilibrar la relación entre el ser humano y la naturaleza (y de los propios seres humanos entre sí).

El decrecionismo critica el dogma del “crecimiento por el crecimiento”, al que culpa de los problemas ecológicos y las desigualdades sociales. Su finalidad es que los seres humanos aprendan a vivir mejor con menos, maximizando el bienestar y reduciendo al mínimo el consumo, en la línea de una “economía budista”, como decía Schumacher, o en la de la “felicidad nacional bruta”, concepto propuesto por el rey de Bután en 1972 en oposición al de “producto interior bruto” y a la habitual correlación entre “felicidad” o “nivel de vida” y “poder adquisitivo”

Los partidarios del decrecimiento proponen una disminución controlada de la producción y el consumo fomentando nuevos modelos de economía y de vida, en los que la autoproducción, el intercambio sin dinero, el consumo de productos locales y duraderos, y, en general, la adopción de modos de vida más austeros, son principios fundamentales. Y advierten de que, de no emprender ese proceso, el decrecimiento acabará imponiéndose, de forma más abrupta, como la consecuencia necesaria de un sistema fiado al aumento insostenible y obsesivo de la producción y el consumo.

¿Qué piensas tú? ¿Crees que el decrecimiento es una forma adecuada de organizar la economía y de vivir?

Guión: Víctor Bermúdez . Actores: María Ruíz-Funes, Laura Casado. Voces: Chus García y Víctor Bermúdez. Producción: Antonio Blazquez. Música sintonía: Bobby McFerrin. Dibujos: Marién Sauceda. Idea original para Radio 5: Víctor Bermúdez y Juan Antonio Negrete.

Don Quijote, la locura y la muerte

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Antonia Q.- ¿Qué recuerdas más a menudo, Sancho, de mi tío Alonso?
Sancho.- Tantas cosas recuerdo de mi señor don Quijote que no daría abasto recordándolas. Muchas veces me he recordado de aquellos tan breves días de su muerte, esto es, cuando recuperó el juicio.
Antonia Q.- ¡Pobre!, ¡no tuvo tiempo de desandar sus locuras, como él quería…!
Sancho.- Mejor así: ese fue el último don que nos dejó, por lo menos a mí, según solo he sabido ver con el lento correr del tiempo desde que partió de entre los que nos llamamos vivos.
Antonia Q.- ¿Qué dices, Sancho amigo: de qué don hablas?
Sancho.- Recuerdo… -y en aquellas horas y en aquellos días no caí en ello-, recuerdo las palabras del señor cura, apenas le hubo confesado, que salió diciendo: “verdaderamente se muere y verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano el Bueno”. Y esa es la verdad, que fue lo mismo en él volver a la cordura y morir. Y, querida Antonia, maravíllome yo mismo de que, aun sabiéndome no nacido para filosofías, haya alcanzado a comprender que no otra cosa es lo que nos quiso enseñar sin decirlo: que la cordura es muerte y que la vida es locura.
Antonia Q.- En él al menos así fue. Y también yo sentí algo semejante, y me causó gran escalofrío verte hablarle de que si Dulcinea ya estaba desencantada, o que si os fuerais juntos de pastores, y todo ese tu loco querer que él siguiese loco.
Sancho.- Mientras conservó él su noble locura, tuve yo algo por lo que ejercitar mi rústica cordura. Y hasta me enseñó un poquito a ser santamente loco… Verle, luego, hablar con seso y ver un espectro fue todo una y la misma cosa… Como si al mundo le hubieran borrado sus colores.
Antonia Q.- ¡En verdad se ve que tu señor don Quijote inspira fuertemente tu imaginación! ¡Así le lloramos! Cuando a mí me aconsejó que no casara con quien se hubiese dado a la lectura de libros de caballería vínoseme un doble sentimiento: que me dejaba vida desesperanzada, el uno; pero el otro, que no volvería a haber sano loco como él.
Sancho.- ¿Tómame por loco, Antonia amiga, por lo que pienso?
Antonia Q.- ¡Así lo quisieras tú, Sancho! (sonríe) Dime, ¿qué piensas?
Sancho.- Pienso que acaso este mundo no es más que una novela, escrita por algún sabio como Cide Hamete Benengeli, y que nosotros, tú y yo, pero también cuantos han leído y lean las hazañas de tu tío, somos personajes dibujados por su pluma con más o menos detalle…, y que no estamos aquí sino para servir de ocasión a que mi señor don Quijote tenga ocasión de iluminar el relato con su lucidez. Y pienso esto -dirételo antes de que me lo preguntes-, porque paréceme que este mundo nuestro no tiene sentido desde que nadie sabe ver doncellas prisioneras, pobres esclavizados y gentes bajo todo tipo de encantamientos.
Antonia Q.- No blasfemes, Sancho.
Sancho.- No es blasfemia. Al mismo Cide Hamete le he leído que “él supo obrar y yo escribir”.
Antonia Q.- Te comprendo. Como si nos hubiésemos quedado sin oficio. ¿Y si los muertos somos nosotros?
Sancho.- Eso mismo es lo que quería decirte. Y así don Quijote, cuando acabó sus aventuras, se volvió cuerdo para poder morir.


Se celebra el cuarto aniversario de la muerte de Cervantes, si es que los genios mueren de verdad.
Cervantes supo imaginar a uno de los personajes más impresionantes de la literatura universal, además de narrarlo magistralmente: el hidalgo manchego, que enloqueció con la lectura de libros de caballería y salió, acompañado del fiel Sancho Panza y enamorado de la sin par Dulcinea, a deshacer entuertos en un mundo que solo él logró ver poblado de gigantes y malvados brujos.
Pero el mundo en que vivió Cervantes ya estaba desencantado y en él reinaba una cordura que hacía tiempo había desesperado de cambiar las cosas.
¿Es esa la tragedia del idealista: que solo él, en su locura, ve a quienes sufren y a quienes hacen sufrir, y cree que puede lucharse contra ello, mientras los demás se ríen sardónicamente de él?
¿Está más vivo o más muerto el loco? ¿Y si la cordura o sensatez no es más que estar muerto, como quizá vino a decir don Quijote cuando recuperó el juicio para morir?

¿Qué piensas tú?


Guión: Juan Antonio Negrete . Actores: Jonathan González, Eva Romero. Voces: Chus García, Víctor Bermúdez. Producción: Antonio Blazquez. Música sintonía: Bobby McFerrin. Dibujos: Marién Sauceda. Idea original para Radio 5: Víctor Bermúdez y Juan Antonio Negrete.

Aristóteles y la felicidad

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Periodista.- Queridos cavernioyentes, tras varios siglos de gestiones, hemos logrado, al fin, una entrevista con Aristóteles, alias el Estagirita, quien, según su costumbre, nos ha invitado a pasear con él y discutir sobre la felicidad. Buenas tardes, maestro.
Aristóteles: Buenas tardes a los oyentes de todos los siglos.
Periodista: Maestro, usted  ha hablado y escrito mucho sobre la felicidad, sin ir más lejos en su famosa obra Etica a Nicómaco. Han pasado veinticinco siglos y seguimos buscándola, sin demasiado éxito. ¿Qué nos pasa?
A.- Lo bello es difícil, que diría mi amigo Platón.
P.- Se ha dicho que hasta intentar definirla es un problema.
A.- Definirla es sencillo. La felicidad es el fin de la vida humana, y la forma de ser correspondiente con ese fin.
P. ¿La felicidad una forma de ser? ¿Podría ser más concreto?
A.- Claro. Lo primero para ser feliz es vivir de cierta forma. Y lo primero de lo primero, vivir de forma que, además de comer, beber y cosas así, seas querido y respetado por los demás...
P.- Da usted mucho valor a la amistad.
A.- Nadie puede ser feliz sin amigos. A diferencia de la familia, los amigos se escogen y se merecen. La amistad con los mejores nos obliga a hacernos mejores...
P.- Sr. Aristóteles, los alimentos y los amigos son necesarios para la felicidad, pero, ¿son suficientes?
A.- No del todo. La felicidad consiste, como diríais hoy, en realizarnos como personas.
P. - ¿Y que tenemos que hacer para eso?
A.- Lo primero: saber qué es una persona.
P.- Ud. ha definido a las personas como seres racionales, y también como “animales políticos”...
A.- Cierto. De un lado somos animales racionales, y nuestro fin es comprender las cosas. Y del otro, inseparable del primero, somos seres sociales que tenemos que convivir según el arte de la política.
P.- ¿Y de ambas cosas depende la felicidad?
A.- De las dos. Vivir como seres racionales es lo mismo que convivir como ciudadanos.
P.- ¿No vale, entonces, ser un lobo solitario?
A.- Para desarrollar la razón es necesario dialogar y aprender de los demás, y esto solo puede darse entre ciudadanos libres y educados en una sociedad bien ordenada y justa.
P.- Mucha gente, en nuestra época, piensa que la felicidad nada tiene que ver con la política ni, menos aún, con la razón o el conocimiento. ¿Qué opina de esa opinión?
A.- Yo creo que vivir fuera de la ciudad y de sus problemas, nos animaliza. Y que abotargar el entendimiento, también. Y una persona no puede ser feliz sin ser lo que es, viviendo como un animal.
P.- ¿Tan esencial es razonar y entender? Mucha gente piensa que se es más feliz sin tanto filosofar...
A.- Tal vez. Pero solo nosotros, los humanos, podemos asombrarnos ante el mundo y sus misterios, y preguntarnos por ellos. Esa admiración y reflexión es lo que da sentido a la vida de muchos de nosotros. De ahí que nos dediquemos a la ciencia y la filosofía...
P.- Pero, y las carreras de carros, maestro, y las comedias de Aristófanes, o embriagarse con vino...
A.- No niego que todo eso, en su justa medida y sin excesos, pueda contribuir a la felicidad. Pero me extraña que alguien no tenga más aspiración en la vida que asistir a las carreras de carros o emborracharse con el arte o el néctar de Dionisos. Tal vez le falte educación...
P.- O tal vez tenga, el pobre, alma de esclavo.
A.- Eso insinué alguna vez, sí. Pero ahora, con el correr de los siglos, ya no lo tengo tan claro.

¿Qué piensas tú? ¿Es la felicidad el fin de la vida humana? ¿Y en qué crees que consiste?...


Guión: Víctor Bermúdez . Actores: Jonathan González, Víctor Bermúdez. Producción: Antonio Blazquez. Música sintonía: Bobby McFerrin. Dibujos: Marién Sauceda. Idea original para Radio 5: Víctor Bermúdez y Juan Antonio Negrete.



La red

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[Sonido constante de mensajes de móvil de diversos tipos, juegos, vídeos, musiquillas, tonos... Las voces también han de sonar un poco – muy poco – cibernéticas, como hablando a través de Skype o algo así, pero sin que apenas se note]

(Los personajes dialogan pero de manera distraída, un poco ralentizada; están enfrascados en sus móviles, tabletas, etc., y la conversación está mayormente en segundo plano. Solo al final se deja claro de que toda la conversación transcurre a distancia, a través de Skype...)

Petr.- … Oye... ¿Ya estamos todos?
Erem.- … Cris me dice que ya llega.
Petr.- … Dile que corra, que nos perdemos el principio.
Prim.- … Oye, que me dice la Felisa que el concierto está empezando
Erem.- … Ah, ¿ya están los otros en el concierto?
Prim.- … Sí, me han mandado un selfi, están también Madriguero, Espelunca y Covadonga.
Petr.- … Anda, la Covadonga. ¿Qué se cuenta?
Prim.- … Pues que contigo no quieres cuentas. Que eres un cuentista, dice.
Petr.- … ¿Y eso?
Erem. … Dice que la dejaste por el chat, chato. Y que la culpa la tengo yo, que según ella, te acoso con mensajería.
Petr.-... ¿Qué? Perdona...
Erem.- Deja. Ahora te mando lo que me mandó. Está super-cabreada.
Petr.-... A ver... (como leyendo)... Hala, pues es verdad... Pero si yo nunca me he enred...ado con ella. Ni siquiera la tengo en Twitter. Ni en Instagram.
Erem.- Pero si en el facebook. Además, llevabas dos meses en el Telegram con ella.
Petr.- En el Telegram no, que eso es para íntimos, era en wasap. Y solo porque tiene un blog sobre los Desconnectión que es pa verlo.
Erem. -... Oye. ¿No íbamos a ir al concierto ese?
Petr.- … Eso. Tocan los Androids.
Prim.- … Yo creo que voy a pasar. Me están mandando vídeos esta gente, y me parecen malísimos.
Petr.- … Yo me estoy acabando de bajar lo último de Desconnectión, así que también paso.
Crisantra.- ¡Hola chicos!
Erem.- Cris. Por fin te apareces. ¿Que te ha pasado?
Cris.- Nada. He cortado con mi novio.
Petr.- … ¿Pero tenías novio?
Cris.- … Desde hace un mes. En el Tagged. Pero creo que me ponía los cuernos con otro perfil.
Erem.-... ¿Cómo lo sabías?
Cris.- Intentaba ligar con mi otro perfil en Weeworld, y me decía las mismas cosas que en el Tageed.
Erem.-... Vaya, lo siento.
Cris.-.... ¿Eh?
Petr.-.... Chicos, oíd el programa de radio que os he mandado por facebook. Salimos nosotros!
Prim.- …. ¿Nosotros? ¿Quiénes somos nosotros?
Cris.- … (En otro rollo) ¡¡Pero qué tarugo eres!!
Petr.-... ¿Yo?
Prim.-... ¿Tu ex?
Cris.- … No. Perdonad. Es que estoy discutiendo con los de mi grupo de trabajo en psicología.
Erem.- … ¿Y de qué va?
Cris.-... De los medios de comunicación y las relaciones humanas.
Prim..- … ah.
Erem.- Chicos, me desconecto. Acabo de pedirme una pizza y está al llegar.
Petr.- Yo también. Además, el skype me va lentísimo hoy.
Prim.- Vale. Seguimos en wasap.
Cris.- Ok. Ahora te cuento eso en el Telegram, Ere.
Erem.- Chao. Ahora os mando unos besos diver por facebook.




Las nuevas tecnologías de la comunicación están transformando la forma de concebir las relaciones sociales y el ámbito completo de la cultura.

Según algunos, esto representa una amenaza para la integridad e incluso la salud mental de los individuos. La comunicación virtual, nos dicen, desnaturaliza las relaciones personales, empobrece los códigos comunicativos, frivoliza los mensajes y nos hace tecnológicamente dependientes. Además, muchas personas comienzan a sentir una dependencia psicológica con respecto a estas vías de comunicación. ¿Quién puede, hoy, separarse del móvil o del ordenador conectado a internet?

Según otros, las nuevas redes de comunicación no son una amenaza, sino una oportunidad para desarrollarnos en un marco de relaciones mucho más amplio y accesible. La comunicación a través de la red enriquece las relaciones personales, nos permite conocer a más personas diferentes y en más aspectos de su vida.

Además, el hecho de estar permanentemente comunicados está generando una revolución en los lenguajes y los medios de expresión, además de un acceso masivo y rápido a todo tipo de información. ¿Qué puede tener de negativo el poder gozar de redes que nos permiten informarnos y comunicarnos libremente con cualquier persona en cualquier rincón del mundo?

¿Qué dices tú? Mándanos tu opinión en un comentario, mensaje, sms, wasap, twit o lo que te apetezca

Guión: Víctor Bermúdez . Actores: Jonathan González, Eva Romero, Laura Casado, María Ruíz-Funes.Voces: Chus García Fernández, Víctor Bermúdez. Producción: Antonio Blazquez. Música sintonía: Bobby McFerrin. Dibujos: Marién Sauceda. Idea original para Radio 5: Víctor Bermúdez y Juan Antonio Negrete.

Pactos políticos.

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[Suena un fondo de noticias políticas en la radio o la tele, que se funde con la conversación...]
Felisa.- Bueno, chicos, aunque os parezca mentira que esto salga de mi boca, creo que ya hemos vagueado bastante y que podríamos ponernos con la actividad de Ética. Por cierto, Madriguero, te ha tocado en nuestro grupo. Como no estabas…
Madriguero.- Muy bien. Pues, si queréis seguir decidiendo sin mí, por mí adelante, toda vuestra… (sonríen)
Felisa.- No te libras: nos ha advertido de que tenemos que participar todos.
Madriguero.- ¡Vaya! Lo siento por vosotras. Y ¿en qué consiste la cosa?
Felisa.- Que te lo explique mejor Espelunca.
Espelunca.- Pues ha hecho varios grupos, como si fuéramos partidos políticos de un supuesto país, con nuestros votos y todo, y nos ha pedido que negociemos, a ver quién consigue el mejor pacto.
Madriguero.- ¿A ver quién consigue el mejor pacto? ¿Y cuál es el mejor pacto?
Felisa.- ¡Hombre, está claro!: aquel en que sale tu grupo gobernando y con más ministros.
Madriguero.- ¿Eso ha dicho el profe?
Espelunca.- No, no ha dicho eso: en realidad no ha dicho cuál va a considerar el mejor resultado.
Felisa.- Pero se cae por su peso, ¡vamos! Así que lo que tenemos que hacer es jugar a uno de esos juegos que nos mencionó hace días… el del prisionero, o el de los gallinas, o algo así... O sea: intentar sacar lo más que podamos, sin meter la pata.
Madriguero.- Pues yo no voy a vender mis principios… porque se supone que tenemos unos principios, ¿no?
Espelunca.- Sí: aquí tienes la lista de los que nos tocaron.
Madriguero.- Aquí tiene mis principios. Si no le gustan, tengo otros, como dijo Groucho.
Felisa.- Vale, vale, pero ahora no se trata de los principios, sino de los finales, o sea, de los resultados. Cambiamos principios por poder, y luego ya veremos lo que hacemos.
Madriguero.- Me niego. Que formen gobierno los otros, si se atreven a venderse. Yo prefiero morir con dignidad.
Espelunca.- No se trata de morir, Madriguero.
Felisa.- ¡Eso!
Espelunca.- Ni tampoco de ganar, Felisa.
Felisa.- ¿Entonces, tú que propones: perder?
Espelunca.- Tal como yo lo veo, se trata de conseguir el acuerdo más justo, teniendo en cuenta los votos que tenemos cada grupo.
Felisa.- ¿El acuerdo más justo? ¡Estamos hablando de política!
Madriguero.- Sí, la verdad es que suena un poco naif. Pero sigue, santa Espe.
Espelunca.- A mí no me gusta ni siquiera que sea una negociación. Fijaos, entre nuestros principios está que nos hemos presentado como más honestos que los demás. Entonces… (no os riáis) yo propongo que pensemos qué podemos honestamente reclamar y qué pueden reclamar los demás, qué es justo que cedamos y qué mínimo no podemos ceder de ninguna manera, y vayamos a la mesa sin ases en la manga ni cosas parecidas.
Felisa.- Eso no es una negociación, eso es un pic-nic en familia ¿¡no te digo!? ¡Menudos negociadores que sois! Uno prefiere perder a dar un poco su brazo a torcer; la otra no solo da el brazo sino hasta las piernas. ¿Me dejáis a mí, al menos para que ganemos el concurso y saquemos buena nota?
Madriguero.- (con tono heroico patético) ¡Me niego a venderme por un… ¿sobresaliente!? (ríen)
Espelunca.- Pues yo creo que el profe está pensando en ponernos mejor nota si hacemos lo que digo yo.
Felisa.- ¡Madre mía! ¿¡Vamos a tener que ponernos a negociar cómo vamos a negociar!?


En el mundo de la política se presentan a veces situaciones en las que los representantes elegidos por los ciudadanos se ven obligados a negociar o pactar, porque ninguno cuenta con una mayoría absoluta. ¿Cuál es la mejor actitud ante una negociación política?

Las posturas ante esta cuestión varían según el peso que se le dé, en esas circunstancias, a los principios y al aspecto más pragmático. Los más intransigentes creen que las consideraciones pragmáticas suponen vender los principios. En cambio, los más pragmáticos acusan a los primeros de no hacer posible llevar a la práctica al menos parte de los principios de uno.

En el fondo de este dilema está el problema ético de si importan más los principios o los fines; a lo primero apuntan las éticas del deber, a lo segundo las éticas utilitaristas.


Ahora bien, una consideración más profunda de la cuestión puede hacernos ver que la capacidad de llegar a acuerdos con los adversarios políticos no es una cesión sino todo lo contrario, el verdadero arte de la política, es decir, de la vida en común de personas con ideas diferentes. ¿Sería, incluso, deseable ver en la política una conducta más ética u honesta, una conducta que no recurriera a las típicas argucias de la negociación y el regateo?

¿Qué piensas: cuál es la mejor actitud ante el desacuerdo político?...  

Guión: Juan Antonio Negrete . Actores: Jonathan González, Eva Romero, María Ruiz-Funes. Voces: Chus García, Víctor Bermúdez. Producción: Antonio Blazquez. Música sintonía: Bobby McFerrin. Dibujos: Marién Sauceda. Idea original para Radio 5: Víctor Bermúdez y Juan Antonio Negrete.


La existencia de Dios

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Madriguero.- ¿¡Qué, Covadonga!, hoy te ha debido de encantar la clase de filosofía, no?
Covandoga.- Bueno…
Felisa (casi interrumpiendo).- ¿Por qué? ¿Qué me he perdido?
Madriguero.- ¡Es verdad, que a esa hora es cuando te has marchado al médico! Pues Víctor nos ha explicado un argumento de un tal San Anselmo, que pretende demostrar que Dios existe.
Espelunca.- Sí, ha sido muy interesante.
Madriguero.- ¿¡Interesante!? ¿Ves?: esas son las cosas por las que la Filosofía está tan pasada. ¡Hasta el propio Víctor apenas podía disimular la sonrisa!
Espelunca.- A mí no me ha parecido eso: me ha dado la impresión de que él mismo estaba extrañado del argumento mientras lo explicaba… extrañado en el buen sentido.
Felisa.- Bueno, pero ¿de qué iba? O mejor: ¿lo va a preguntar y evaluar?
Madriguero.- No creo. Pues mira, es muy sencillo: Dios tiene que existir porque es un ser perfecto, y si no existiese no sería perfecto. ¡tachánnn! ¿Qué te parece? O sea, que, por las mismas, mis vacaciones en Suecia tienen que existir, porque tengo pensado que sean perfectas. Y, por supuesto, el plato de tallarines a la carbonara perfecto, existe, porque es perfecto. Concretamente, es el que hace mi abuela… (sonríen)
Felisa.- (con voz de incredulidad).- ¿Eso habéis hecho hoy en clase? ¡Qué rayadas se marcan los filósofos!... ¡Y al Víctor le gustan, en eso tiene razón Espelunca!
Espelunca.- Pues a mí me ha dejado pensando. Es que, Madriguero, no has contado lo que podría contestarte Anselmo: no son lo mismo unas vacaciones perfectas o un plato a la carbonara perfecto que un ser totalmente perfecto. Si digo que esas vacaciones no existen no me contradigo, porque el que sean perfectas como vacaciones no significa que sean perfectas en todos los sentidos. En cambio…
Madriguero.- (interrumpiendo)… en cambio solo porque yo tenga una idea de un ser supuestamente perfecto (¡que a saber qué significa eso!), o sea, que solo porque yo me invente esa idea, tiene que existir. ¡Esa es la definición del timo!
Espelunca.- A mí me ha recordado al Principito, cuando dice que el cordero tenía que existir porque era bello.
Madriguero.- ¡Exacto, es como los cuentos de hadas!
Espelunca.- Pues tomadme por loca, pero yo a veces pienso, como el Principito, que lo que es bello tiene que existir.
Madriguero.- (burlón) ¡Claro, y lo malo no tendría que existir, porque es malo! Eso es lo que me decía mi amigo imaginario… De todas maneras ¡ojala tengas razón, porque eso significa… que yo soy inmortal! ¡Y tú, por supuesto! (con tono meloso) ¡Y los dos! (ríen las otras) Bueno, Covadonga, no me has contestado: a ti te ha debido de chiflar ese (con tono de entrecomillar) “argumento”…
Covadonga.- La verdad es que ni lo he entendido. Pero yo no necesito ningún argumento para creer, porque tengo fe. Y no creo que quien no tenga fe vaya a creer porque en clase de filosofía o donde sea le cuenten un argumento.
Madriguero.- ¡Tú tienes tu propia versión del argumento, Cova: puesto que yo creo, existe!
Espelunca.- Es lo mismo que te pasa a ti, Madriguero, con las cosas que tú crees.



Una de las piezas más interesantes de la filosofía es el llamado “argumento ontológico” de san Anselmo, según el cual, un ser mayor que sea tal que no podamos pensar en otro mayor o más perfecto, tiene que existir por necesidad, porque si pensamos que ese ser sumamente perfecto no existe, nos estamos contradiciendo, ya que existir es una perfección, así que estaríamos diciendo, en realidad, que el ser sumamente perfecto no es sumamente perfecto.

Muchos filósofos y teólogos lo consideran una falacia: del simple hecho de que yo tenga una idea en mi mente no se deduce que eso exista. Sin embargo, también muy importantes filósofos (tales como Descartes, Leibniz, Hegel o Alvin Plantinga, creen que ese argumento es o puede ser válido, si lo pensamos con cuidado.

Preguntémonos: si no es suficiente con tener una idea en mi cabeza para deducir que eso existe, ¿qué más hace falta? Desde luego, podemos decir que hace falta poder comprobarlo con nuestros ojos. Pero ¿acaso no podemos dudar, con Descartes, de si todo lo que creemos ver no está solo en nuestra cabeza, como están los sueños?

¿Qué piensas tú? ¿Es válido el argumento ontológico de San Anselmo?...

Guión: Juan Antonio Negrete . Actores: Jonathan González,  Eva Romero, Laura Casado, María Ruíz-Funes.  Voces: Chus García, Víctor Bermúdez. Producción: Antonio Blazquez. Música sintonía: Bobby McFerrin. Dibujos: Marién Sauceda. Idea original para Radio 5: Víctor Bermúdez y Juan Antonio Negrete.